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En el sexo todo es pura química

En el sexo todo es pura química

La química que segrega nuestro cuerpo durante el sexo

Ya sabemos que no os sorprenderá el título del post. Por todos es bien sabido que, cuando nos enamoramos, encariñamos e incluso en el sexo, nuestro cuerpo es una coctelera hormonal. Porque somos demasiado grandes, si no podríamos pasarnos la vida metidos en un tubo de ensayo de un laboratorio.

Pero no solo venimos a deciros que cuando nuestro cuerpo experimenta alguna emoción segrega una serie de hormonas para llevarnos a ése estado, sino que vamos a explicaros qué tipo de hormonas segregamos en cada fase relacionada con las relaciones, incluido el sexo. Porque al fin y al cabo todo se reduce a eso: química. De ahí el dicho de “si no hay química, la relación está destinada al fracaso”.

Puede que a vosotros os parezca una tontería –y más si sois de letras- pero a nosotros nos parece apasionante y, cuanto menos, curioso. Así que, ahí vamos.

 

en el sexo todo es quimica

“Love is in the air”

Cuando nos enamoramos, nuestro cerebro empieza a segregar a chorro dopamina. Esta es la responsable de lo que llamamos “amor romántico”, es decir, la primera etapa del enamoramiento. Sí, es lo que muchos pensáis. Es la responsable de ponernos tiernos, pesados, ñoños y un sinfín de calificativos que a los solteros les irrita.  En los enamorados, la dopamina:

  • incrementa y mantiene constante la concentración en el ser amado (no podemos concentrarnos en otra cosa)
  • enfoca la atención extremadamente
  • dirige el comportamiento hacia alcanzar una meta (estar con el ser amado)
  • incrementa la energía
  • genera hiperactividad
  • disminuye la necesidad de sueño y el apetito
  • Promueve preferencia por la persona amada al hacerla ver como novedosa y única
  • Causa temblores, palpitaciones y respiración acelerada
  • Produce regocijo,  y a veces, manía, ansiedad o miedo
  • Es la responsable por el  incremento de la pasión de los enamorados cuando enfrentan una adversidad.

La dopamina se asocia con el sistema del placer del cerebro, proporcionando los sentimientos de gozo y refuerzo para motivar una persona proactivamente para realizar ciertas actividades. De ahí a que cuando nuestro cerebro se pone a traficar con esta hormona, nosotros nos sintamos con fuerza de todo y más. Aunque luego eso nos pase factura, no nos lo pensamos ni dos veces. Esta hormona, se libera por lo tanto gracias a experiencias gratificantes como comer chocolate –de ahí a que digan que es sustitutivo del sexo-, mantener relaciones e, incluso, a la toma de ciertos estupefacientes. La dopamina se asocia sobre todo con el deseo anticipatorio –con el “lo quiero, lo quiero, lo quiero”- y con la motivación –con el “yo puedo, yo puedo, yo puedo”-. Ya sabéis, si queréis estar a tope pensad en lo que queréis y motivaros y vuestro cerebro hará posible que lo logréis. Claramente, no hablamos de querer cosas como la lotería, un piso o algo así. Ahí, y más en los tiempo que corren, ya entra el factor suerte y destino.

“Me sube la bilirrubina, cuando te miro y no me miras”

A Juan Luis Guerra le subía la bilirrubina por el mal de amores. Si le hubiera ido mejor hubiera segregado testosterona, que es la hormona que generamos cuando tenemos relaciones sexuales.  Sí, incluso vosotras chicas. Aunque es la hormona masculina por excelencia, también está presente en la mujer, cumpliendo importantes funciones en la regulación de aspectos como el humor, apetito sexual y sensación de bienestar. Obviamente, las mujeres tienen mucha menos testosterona que los hombres, por lo que sus altibajos emocionales –por culpa de la mezcla de estrógenos y testosterona- son más frecuentes que en los hombres, los que solo tienen que lidiar con una hormona. Menuda suerte, ¿no?

Los niveles de testosterona son heredados, por eso cada cual es diferente y es difícil encontrar a otra persona con la misma cantidad de “ganas” que nosotros. Si sois de l@s  insaciables, entended esto y, también, que todos –hombres y mujeres- vamos experimentando ciclos que van marcando nuestras ganas. Por eso, tanto a ellos como a ellas, a veces les apetece más hacerlo todo el rato y otras con una vez basta.

Estas dos hormonas, la dopamina y la testosterona interactúan de tal manera que –como muchos saben por experiencia – el deseo sexual puede originar amor y el amor puede incrementar nuestro deseo sexual. Por eso, muchas veces, es complicado delimitar las cosas. Las hormonas se mezclan, no como el agua y el aceite.

Otro dato a tener en cuenta es que cuando sentimos placer sexual, están actuando la serotonina y norepinefrina.

La serotonina es la hormona del humor y del placer. La serotonina inhibe el enfado, la agresión, el apetito y el vómito y regula la temperatura, el humor y el sueño. Adicionalmente – en el ámbito sexual – se libera justo después de la eyaculación u orgasmo provocando un estado de placer y tranquilidad. Vamos, que ya sabéis por qué después de un polvo os entran ganas de dormir.

La norepinefrina o noradrenalina:

  • produce excitación sexual
  • contribuye a la liberación de estrógeno
  • estimula el cortejo
  • produce regocijo
  • genera exceso de energía
  • disminuye la necesidad de sueño y el apetito
  • incrementa la capacidad de memoria para estímulos nuevos

La interacción de la norepinefrina con la testosterona, es decir del deseo con el placer sexual hace que la respuesta sexual humana sea cíclica. El placer sexual  nos da ganas de más sexo, el sexo nos da placer, el placer más ganas y así podemos pasarnos horas hasta que alguno diga basta.


“Pegaito, suavesito”

Una vez que ya hemos experimentado las dos etapas anteriores  – en el orden que a vosotros os venga mejor, claro- y tenemos claro que nos está gustando la cosa, es cuando se genera el apego. Esto se traduce en un sentimiento de calma, seguridad y unión con alguien a largo plazo –o eso es lo que esperamos-. La culpa de esto la tienen, la oxitocina en el caso de la mujer, y la vasopresina en el caso de los hombres. Estas dos producen sensación de intimidad y cercanía entre la pareja.

 

  • La vasopresina se libera en el hombre durante la eyaculación, generando sentimientos de apego y disparando su instinto paternal. Aunque parezca que no, ellos también sienten apego, el problema llega cuando eyaculan, que la vasopresina se reduce casi al mínimo. Por eso, los hombres tras el coito necesitan espacio.
  • La oxitocina se secreta en la mujer en dos momentos importantes durante la relación sexual: la estimulación de los genitales y/o pezones y al momento del orgasmo. Esto hace que ellas, gracias al cóctel que llevan dentro, necesiten luego más cercanía que el hombre.

 

Obviamente, y como sabéis todos, la segregación de estas hormonas va reduciéndose con el tiempo, pasando de cascadas a gotitas diarias. Aun así, hay que disfrutarlas así que… ¡Enamoraros, tened orgasmos, apegaros y…

Sed malos!

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