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El “Síndrome de Marge” como síntoma femenino de la vida en pareja

No hace mucho, resaltábamos un problema muy común en las pareja: el cambio radical que sufren los hombres tras entrar en la dinámica de parejas, en la convivencia.

Pues bien, con la intención de que veáis que no sólo son los hombres los que cambian, hoy venimos dispuestos de hablaros directamente a vosotras, chicas. Sabemos que no todas vais a estar de acuerdo, al igual que los hombres, pero en el fondo de vuestras mentes, sabéis que estáis reproduciendo patrones y que al fin y al cabo, esto se debe a la rutina.

Debemos señalar, tal como hemos dicho en varias ocasiones ya, que los humanos, al igual que el resto de los animales, mantenemos nuestros instintos primarios. Sí, los primarios, aquellos que se han quedado grabados a fuego en nuestro cerebros. No nos referimos a los instintos de comer, beber y follar. No. Hoy vamos mucho más allá.

Antes de que Cristo perdiese el gorro, el humano ya existía, eso lo sabéis todos los que nos leéis. Pues bien, desde la prehistoria, el hombre y la mujer tenían ya unos roles que se han seguido desarrollando hasta el siglo XXI sin ser casi conscientes. El hombre prehistórico era el encargado de traer comida a la “manada”, de ahí su instinto de caza –sea de lo que sea, aunque en estos tiempos se podría llamar más bien caza/conquista-. En cambio, la mujer permanecía en el campamento y se encargaba de criar, controlar y obedecer al hombre, de ahí su instinto de pertenencia a una comunidad, ya que sin la comunidad su prole no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir.

Y, dicho esto, es cuando podemos hablar del “Síndrome de Marge”. Este síntoma se detecta por el cambio de comportamiento que tiene una mujer en la vida conyugal –ya sabéis que no sólo nos referimos a las parejas casadas-. Ella también han perdido el sentido del romanticismo. Sí, tan cierto como que estáis leyendo esto. El problema de las mujeres es que, al contrario que los hombres, se vuelcan mucho más en la relación. Y no sólo en lo emocional, sino en lo físico también. Aquí os dejamos algunos de los síntomas de este síndrome.

El Síndrome de Marge

Los síntomas del “Síndrome de Marge”

“¡Hola! Soy tu nueva madre.”

La mujer deja de tener un sentimiento de ser novia, tanto para ella misma como para el hombre. Cuando hay una unión, ya sea gracias a la vida en pareja o al matrimonio, parece que a la mujer le cambien el chip. Deja de comportarse como esa chica enamoradiza, joven y alocada, para ser una chica más mandona, más protectora y con muchos más reproches en la boca. El tema está en que pasan de ser novias a madres. Sí, como leéis. Madres. Al menos copian ése comportamiento.

Sustento económico

Todos lo sabéis: la mujer llevan mucho tiempo implicada en la vida laboral. Además de ser una madre de un niño grande –con pelos en sus genitales, hablando claro- es una mujer responsable que comparte el peso económico con su pareja. Ya sabemos que esto Marge no lo hace, pero nuestras chicas sí.

“Limpia, cocina, cuida, repeat”

Además de cargar con la responsabilidad de traer pan a casa y educar –o maleducar en muchos casos- a su pareja, además, debe hacer las tareas del hogar. Si bien es cierto que cada vez los hombres están más predispuestos a ayudar, aún son una minoría y las tareas que hacen son siempre las más sencillas. Esto no hace más que reforzar el comportamiento maternal del que ya hemos hablado.

Hilo conductor

Otro de los graves síntomas del Síndrome de Marge es que las mujeres asumen un rol de ser el hilo conductor entre la comuniidad y la pareja. En esto, la mujer gasta el triple de energía que el hombre. Son el vínculo que hay entre la pareja y los amigos, la familia y las reuniones sociales. Es ella la que se encarga de dar representación en este tipo de actos –como reuniones escolares, cumpleaños de los hijos, llevar a los hijos a casa de sus amigos, etc…- y, que además, intenta influir en su pareja –sí, ésa que padece el Síndrome de Homer-  para que él participe.

El cupido de la relación

La mujer es, además de todo esto, el sustento de la relación. Al igual que Marge Simpson, es la encargada de darle amor y pasión a la relación. Básicamente es la que se encarga de toda la parte emocional de la pareja y de mantener la unión en firme.

Sólo nos queda decir que, según un análisis sociológico, se detectó que la mujer es la que menos disfruta de la relación en pareja, ya que hay un cambio drástico en el comportamiento de la pareja inicial: el hombre ya no cuida nada la relación cuando antes sí lo hacía, la mujer debe cuidar mucho la relación cuando antes la llevaban siempre en bandeja.

Por todo esto, la Marge del siglo XXI –de la mujer de a pie, no la amarilla- acaba por pedir el divorcio a causa del estrés, la frustración y la impotencia que siente en su relación.

Besatados… ¡¡Reaccionad!! Hay un mundo maravilloso más allá del comportamiento estipulado por los Simpsons. Sed menos Marge y Hommer y más Romeo y Julieta. Aunque tampoco hace falta que os acabéis suicidando, de verdad que no.

Sed malos

 

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