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La simpatía como medidor de la sensualidad

Hoy os traemos un post lleno de cambios, cambios que casi nos llevan a ponernos a llorar a lágrima viva. Y es que, cada vez más, se está empezando a entender ésa frase que se decía en La Bella y La Bestia, de Disney: “La belleza está en el interior”. Después de la gran sorpresa del calendario de Pirelli –el cual tendrá su huequecito en nuestro blog- y el boom de la “Barbie Real” en U.S.A, las personas empiezan a convencerse de que ése “run-run” de su corazón no siempre corresponde a una cara y un cuerpo bonito. La sensualidad ya no se determina sólo por eso.

De siempre se ha dicho –y el que diga que nunca lo ha oído, miente- que la simpatíaa siempre ha sido el recurso de los “feos” para conseguir ligar y acabar con alguna entre las piernas –o encima-. Pero, ojo, porque nuevas investigaciones, realizadas por la universidad de Huazhong en China, demuestran que no es así. Dicho estudio se ha presentado en la revista Personality and individual Differences y aclara –con voz muy firme si así puede decirse- que la amabilidad de una persona es lo que acaba marcando su atractivo.

cuestión de simpatía

El efecto halo como clave de la simpatía

Vale sí, esto echa un poco por tierra las investigaciones que han hecho muchos científicos, entre ellos Louann Brizendine de la cual ya os hemos hablado en varias ocasiones por ser autora de El cerebro Femenino y El cerebro Masculino. El caso es que parece ser que no todo se resume a las facciones y al físico, aunque tampoco dejan de ser factores importantes a la hora de elegir al compañero “eterno”-no rollo crepúsculo, pero sí para nuestra vida mortal-. Yan Zhang, autor del estudio, asume que existe una relación entre los rasgos físicos y los comportamentales, lo que dota a dicha persona de más o menos sensualidad según la simpatía que derroche su personalidad.

Vamos, en pocas palabras el tema es que: si eres guapísimo pero eres un bruto insolidario te vas a comer los mismos roscos que Hommer Simpson. Según Zhang, el que no te acabe pasando esto se debe al conocido como “efecto halo”, el cual ayuda a contribuir con el atractivo facial ya que la simpatía dota a las personas de facciones mucho más suavizadas y menos rudas.

La mecánica –como en todo estudio de este calibre que se precie- fue muy sencilla: se le mostraron a 120 personas, tanto a hombres como mujeres, 60 fotos de hombres o mujeres con expresiones neutras en la cara. De esta manera, se les pedía que valoraran objetivamente la belleza física. Aproximadamente dos semanas después, se les volvió a citar para enseñarles las mismas imágenes, pero esta vez se incluían descripciones de sus personalidades. Además, a los fotografiados se los calificaba -con comentarios al pie de la foto- en tres grupos: “buenos o amables”, “mezquinas” y nada –algo así como un “personality not found”-. El resultado es bastante obvio: todos los que estaban dentro de la clasificación de “amables” eran mucho más sensuales que el resto. Esto se debe a que, como ya hemos comentado, la simpatía está mucho mejor valorada.

Aunque el alcance del estudio no ha sido multitudinario –algo que nos extraña viniendo de un país tan poblado- tiene su sentido según Scott Barry Kaufman, el cual fue entrevistado acerca de este tema por el Huffington Post. Según Kaufman “ hay muchas formas de demostrar el atractivo que una persona posee como potencial pareja y estas, en la actualidad, se extienden a la conducta y la psicología del individuo”. Como ya os hemos comentado en varias ocasiones, la inteligencia es la clave, en la mayoría de las ocasiones, para que una mujer se sienta más o menos atraída por un hombre. El físico empieza a importar lo justo pues, en este caso, se demuestra que la clave para enamorar son la sonrisa, la mirada y los gestos, los cuales son mucho más agradables si el grado de simpatía de la persona en cuestión es elevado.

Ojo chicos, porque los “rude boys” empezáis a estar pasados de moda y los “paga fantas” tienen todas las de ganar y llevárselas a todas de calle. No quedará otra que hacerle caso al estudio y dejar de ser tan malos. Aunque no lo parezca, tanto hombres y mujeres lo saben y por eso, sobre todo en las primeras citas, la simpatía es la clave del éxito para una segunda. 

Ya sabéis: sed buenos en la calle, pero malos en la cama.

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