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¿Por qué nos gusta tanto la sumisión en la cama?

Si hay algo que todavía es un tabú a día de hoy en nuestra sociedad, es el tema de la sumisión en la cama. ¡OJO! En esta ocasión hablamos de la sumisión en un grado ligero-medio, nada de dominación o sado. Eso ya lo trataremos más adelante ya que, si hablamos de sumisión, en cierta medida hay que hablar de dominación.

Algo que nos llama la atención en estos últimos días es que muchas más mujeres se están interesando por el mundo de la sumisión y, por supuesto, muchas llegan a nosotros con muchísimas dudas y, por supuesto, miedo y desconfianza ante este tema. Tanto hombres como mujeres, son capaces de disfrutar infinitamente de la sumisión en la cama, aunque muy pocos son los que realmente lo reconocen abiertamente pues es como algo que la sociedad aún no tolera, por mucho que hayan películas y novelas al respecto.

Para todas aquellas y todos aquellos que se están cuestionando el tema de la sumisión y el por qué puede ser tan atractivo en la cama, os dejamos con este artículo.

sumisión en la cama

Sumisión y dominación no son lo mismo

Lo primero que queremos hacer, es aclarar que la sumisión no tiene por qué ser dominación completamente, sino que hay muchos grados de sumisión sin tener que llegar al extremo de ser dominados.

Cuando hablamos de ser sumisos, tanto en hombres como en mujeres, nos referimos al hecho de que la persona en cuestión deja su carácter más dominante de lado. La sumisión en la cama es una forma más de sumisión, como la que podemos tener, fácilmente, en el trabajo. La sumisión en la cama, no es más que recibir peticiones de tu pareja –ya sean en voz alta o simplemente a través de gestos- y tú asumirlas sin perder la voluntad de ti mismo.

Sin embargo, en la dominación, entra el juego la pérdida del yo, el hecho de no poder decir nada ni objetar nada de lo que el Amo nos está pidiendo. De este modo, se realiza una sumisión del “YO” propio, al mismo tiempo que una dominación del “YO” por parte del amo.

En este caso, hablamos de la sumisión por el simple hecho de complacer a nuestra pareja. De la sumisión en la cama como el caso de dejarnos hacer un poco más sin tener que tomar las riendas de lo que está sucediendo nosotros mismo.

La sumisión en la cama es cuestión de hormonas

Como todo en esta vida, el sexo hace que segreguemos hormonas. En mayor o menor cantidad siempre liberamos las mismas: adrenalina, endorfinas, testosterona, dopamina y serotonina –aunque estas dos últimas suelen segregarse en el postcoito, tras el orgasmo-. Por eso, nuestro cerebro está sujeto a muchas experiencias pues, cada una de estas hormonas tiene una función en el cerebro. En el caso de la sumisión, la que más implicada está es la dopamina.

Como bien sabéis, la línea que separa el dolor y el placer es muy fina y, por supuesto, el cerebro puede interpretar las pequeñas dosis de dolor como placer. Esto, por ejemplo, les ocurre mucho a los deportistas que realizan ejercicios de alta intensidad: el hecho de entrenar duro, que tenga la sensación de que duele, les es placentera ya que el cerebro segrega dopamina que disipa este dolor y hace que, al acabar la sesión, se sientan mucho mejor que antes.

Sí, el cerebro segrega dopamina en dos ocasiones –al menos en altos niveles-: cuando sentimos dolor y cuando sentimos placer. La dopamina es la hormona que, en cierta medida, recompensa al cuerpo con una sensación agradable tras una emoción muy intensa. En el caso del placer, la dopamina se libera tras el momento auge en el que la adrenalina y las endorfinas llegan a su punto álgido, y genera una sensación de bienestar y relajación. En cambio, cuando la dopamina se libera en los momentos de dolor, el cerebro lo hace para poder mitigarlo y disminuir la sensación de sufrimiento. Por supuesto, esto sucede siempre, aunque solo con resultados satisfactorios si el dolor es moderado, es decir que solo sentiremos placer si la causa del dolor no es demasiado fuerte.

Por ejemplo, a quienes sufren de dolores crónicos, por lo general, se les recomiendan actividades que puedan causarles un dolor menor para que, así, puedan segregar más dopamina y ese sufrimiento se mitigue un poco más.

La sumisión en la cama es puramente una cuestión emocional

Tras ver las reacciones químicas de nuestro cerebro y entender por qué la sumisión en la cama –en grados ligeros- puede sernos tan atractiva, cabe destacar que el placer del dolor es mucho más emocional que físico. Por mucho que se desencadenen reacciones hormonales, lo que nos hace que nos guste la sumisión en la cama tiene más que ver con la experiencia emocional que nos proporciona la dopamina. El dolor, poco o medianamente intenso, se interpreta por placer y, el hecho de sentir que el dolor disminuye o que podemos controlarlo, es lo que realmente nos genera bienestar. Por eso, un dolor soportable –unos cachetes, un tirón de pelo o el hecho de dejarnos hacer- puede convertirse en parte del juego sexual sin que nos tengamos que preocupar por estar haciendo algo malo o considerar que somos unos locos amantes del sexo duro.

Por otro lado, en la sumisión, también está implícito el hecho de que nos guste por ver a nuestra pareja disfrutar. Muchas veces, sentimos más satisfacción a la hora de dar que a la hora de recibir placer –aunque esto sea algo más innato en la mujer-. De este modo, cualquier persona que ve a su pareja disfrutar ya sea con el hecho de la sumisión o con el hecho de ser el dominante, hará que el cerebro segregue más endorfinas, lo cual nos hace estar mucho más pletóricos y más dispuestos a disfrutar del sexo.

Recordad que no todo el mundo tiene los mismos gustos sexuales y puede que no disfrute de la misma manera de la sumisión que tú. Por eso, lo mejor y lo fundamental es que os comuniquéis y compartáis vuestras opiniones sobre la sumisión en la cama.

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